La Ofrenda del Mandala es la tercera práctica interna del Ngöndro. Es un ejercicio meditativo, visual y físico donde el practicante ofrece simbólicamente todo el universo visible e invisible a los Budas, maestros y deidades para acumular mérito espiritual y purificar el apego material y la tacañería.
- La base del mandala: Un plato circular hecho de metal (oro, plata, cobre o latón) o incluso madera.
- Tres o cuatro anillos: Aros metálicos de diferentes tamaños que se apilan de mayor a menor sobre la base.
- El remate o joya: Una pieza final que corona la parte superior de la estructura.
- Los materiales de ofrenda: Granos (arroz, cebada o trigo) mezclados con piedras preciosas, conchas, perlas o monedas pequeñas. El arroz suele teñirse con azafrán y agua bendita.
- Siéntate en postura de meditación con el plato en tu mano izquierda y los granos en un recipiente frente a ti.
- Toma un puñado de granos con la mano derecha y frota la base del mandala tres veces en dirección de las agujas del reloj con el antebrazo derecho. Esto simboliza limpiar las impurezas de tu mente.
- Mientras frotas, visualizas que limpias el orgullo, el apego y la ignorancia.
- Deja caer un puñado de arroz en el centro del plato para asentar la base y coloca el primer anillo (el más grande).
- Comienzas a colocar pequeños montones de grano dentro de este anillo siguiendo los puntos cardinales. Cada montón representa una parte del universo: el monte Meru en el centro, los cuatro continentes alrededor, los subcontinentes, el sol, la luna y todos los tesoros de la existencia.
- Colocas el segundo anillo sobre el arroz acumulado y sigues depositando montones de grano, recitando las líneas del texto litúrgico del Ngöndro.
- Repites el proceso con el tercer anillo, llenándolo hasta el borde.
- Corona la estructura colocando la joya final en la cúspide, representando la perfección de la iluminación.
- Sostienes el mandala completo a la altura de tu corazón con ambas manos.
- Visualización: Imaginas que este universo rebosante de riquezas puras viaja hacia el campo de los Budas, quienes lo aceptan con inmenso gozo y te bendicen.
- El desarme físico: Inclinas el mandala hacia ti, dejando caer todo el grano de regreso al recipiente. Esto simboliza la vacuidad y el desapego: todo lo que construimos regresa a su origen.